José se rehusó a acostarse con la esposa de Potifar, y por eso fue a la cárcel. De la cárcel ascendió al poder.
Pablo se rehusó a dejar de predicar acerca de un Dios diferente a las deidades romanas, y por eso fue a la cárcel. Y en la cárcel fue condenado a muerte.
Ambos hombres entregaron su vida a Dios. Y Él usó esa vida para alcanzar a otros.
Por medio de José, preservó a una nación (Egipto), y a la futura nación de Israel.
Por medio de Pablo, edificó a la iglesia naciente y futura.
Lo que aprendo de ambos es que lo importante no es la promoción (a donde Él puede llevarte), lo importante es la provisión: Donde sea que estés, cuál sea tu estado, Él estará contigo.
Podemos confiar en Sus manos, y confiarle nuestras vidas.
En palabras de Elisabeth Elliot: “Si al entregar mi vida a Jesús esta se rompe, quizás se deba a que los pedazos alimentarán a una multitud, mientras que el pan entero solo llenará a un niño pequeño.”
Que en nuestra vida, Jesús sea exaltado.
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